Dientes, dientes, que es lo que les jode

Ha pasado casi un siglo desde que Gramsci acuñara el concepto de batalla cultural, que hace referencia a la importancia de disputar qué ideas, narrativas y valores dominaban la conciencia colectiva del momento. Casi un siglo después la batalla sigue vigente, ahora con protagonismo en otros medios que Gramsci ni siquiera llegó a conocer: las redes sociales. Plataformas como Tiktok, X (Twitter) e Instagram son el tablero en el que se difunden y combaten los discursos dominantes.

Nos encontramos en un momento complicado, ante un entorno hostil en el que la extrema derecha está luchando para intentar despojarnos de los espacios que tanto nos ha costado ocupar, en el que la resistencia frente al progreso se está haciendo cada vez más fuerte y no existe ninguna intención de escucha o entendimiento colectivo, sino un intento de resignificar la hegemonía.

Así ha surgido la manosfera, un conjunto de comunidades online en las que se promueven discursos misóginos y antifeministas. Los usuarios de esta manosfera se valen de páginas como forocoches y plataformas como X y Tiktok para que su propaganda llegue al máximo número de personas, con el fin de deshumanizarnos a través
de bulos y discursos de odio. No buscan debatir, sino radicalizar y hacer el mayor ruido posible para captar a hombres jóvenes a través discursos simples, incendiarios y emocionales, y lo hacen con la ayuda de un algoritmo que premia estas fórmulas fáciles.

Ante esto, la pregunta que debemos hacernos desde los sectores de izquierdas es: ¿cómo podemos combatir este intento de redefinir la hegemonía y llegar a la población general? Sabemos que no existen soluciones simples para problemas complejos, por eso muchas veces nos perdemos en el argumentario, el dato, la literatura… Y esto puede ser una herramienta útil en un debate o un artículo periodístico, sin embargo en redes sociales la dinámica es otra.

Intentar hacer pedagogía y debatir en un entorno en el que no se busca entender y no se nos respeta ni se busca la verdad sino decir la mayor burrada para conseguir viralidad es como intentar matar una mosca a cañonazos. Mientras nosotras rebatimos sus bulos con referencias bibliográficas, discursos coherentes y datos, ellos hacen un meme de cinco segundos que llega a miles de personas. El poder de la manosfera no reside en la coherencia argumental ni en la retórica de sus discursos, sino en la repetición constante de píldoras desinformativas y en su capacidad para presentarse como “la nueva rebeldía antisistema”. La derecha ha cambiado “lo personal es político” por “lo político es viral” y ha resignificado la rebeldía, escudándose en el humor negro y lo ¨políticamente incorrecto para reducirnos a una mera caricatura. Tenemos la razón, pero debemos entender el terreno de juego y sus códigos.

Debemos hablar el mismo lenguaje. Y esto no significa rebajarnos a su nivel ni dejar de lado todas las demás herramientas, sino saber adaptar el mensaje al medio. Por esto mismo, el humor es un elemento clave en la batalla cultural, un elemento por el que estamos apostando con fuerza desde Jóvenes de CCOO con publicaciones semanales y reaccionando a los absurdos con los que nos topamos día a día en la actualidad.

Nos permite colarnos en el ocio de la gente, a través de memes, de vídeos paródicos, de respuestas ácidas… el
humor es el caballo de Troya que permite meter ideas complejas en mentes cerradas. Puede servir como una herramienta de transformación social y, en ocasiones, como una manera de procesar el mundo que nos rodea, ayudándonos a simplificar ideas complejas de forma digerible.

No solo sirve para “hackear el algoritmo” y llegar a más personas, también nos ayuda a construir, a crear comunidad y refugio psicológico, permitiendo la risa ante la tragedia. El humor genera un “nosotras”, crea códigos compartidos y sensación de pertenencia. Ya hace años que los sectores de extrema derecha comprenden el gran poder del contenido humorístico e intentan capitalizarlo en redes. Utilizan el humor para normalizar la crueldad, sin embargo nuestra respuesta no puede ser solo la indignación, (que además alimenta su algoritmo), sino la sátira que los ridiculice. El ridículo es el único lenguaje que el autoritarismo no sabe procesar.

En redes no gana quien tiene razón, sino quien mejor maneja el código. Necesitamos atajos cognitivos que
siembren la duda, que planten las semillas que poco a poco creen esa conciencia crítica en quienes reciben el
mensaje. Menos tesis doctorales y más “zascas”.

No debatir con la barbaridad: si alguien dice que “El feminismo busca acabar con los hombres”, responder
con datos es perder el tiempo. Hay que responder con el absurdo. Reivindicar con el humor que ser de izquierdas no tiene nada que ver con la caricatura de la superioridad moral y el puritanismo que quieren que seamos para sentirse más rebeldes por seguir reproduciendo ideas arcaicas y rancias.

La batalla cultural se gana cuando logramos que sus ideas no sólo parezcan incorrectas, sino patéticas.

Paola Marañón Esteve. Secretaría confederal de Juventud de CCOO.

Secretaría de Mujeres e Igualdad

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