Paula Iglesias: «España siempre ha sido un ejemplo de diversidad, no puede permitir el auge del odio»

En vísperas de la Marcha Estatal del Orgullo LGTBI+ y ante una coyuntura global marcada por el auge de la ultraderecha y de los discursos de odio, hablamos con la presidenta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans, Bisexuales, Intersexuales y más (FELGTBI+), Paula Iglesias. Psicóloga de profesión, ha sido activista desde muy joven, primero en el colectivo Lambda de Valencia, y posteriormente en Federación, que preside desde 2024 con el objetivo firme de seguir avanzando en el reconocimiento y los derechos de todas personas LGTBI+.

España tiene la fama, seguramente merecida, de ser un país acogedor para las personas del colectivo, con una legislación además muy avanzada. En estas mismas semanas hemos conocido que ocupamos el primer puesto en el ranking Rainbow Map, de ILGA ¿cómo lo valoráis desde Federación?

Con cautela. Estamos en un contexto internacional en el que hay una ola reaccionaria. Dar pasos es complicado y de eso hay que enorgullecerse. Antes de justo del Rainbow Map, ILGA nos calificaba como ejemplo de muro de contención, porque es verdad que se están dando muchos retrocesos a nivel internacional y, en cambio, España sigue dando pequeños pasos, como la aprobación del protocolo de acompañamiento a personas trans en las empresas. Es verdad que ha habido avance legislativo, el matrimonio igualitario, luego la ley LGTBI+, el Real Decreto –de medidas LGTBI en las empresas–… pero no basta solo con aprobar leyes, hay que aplicarlas y desarrollarlas, porque la otra cara de la moneda, de la que también alerta ILGA, es que hay muchas asignaturas pendientes para que esa igualdad sea real, y pone el foco principal en el discurso de odio y en los delitos de odio. España siempre ha sido un ejemplo para el mundo de diversidad, y ahora no se puede permitir ser un ejemplo de auge del odio.

En ese sentido, una de las cuestiones sobre las que te iba a preguntar es este Pacto de Estado contra los discursos de odio hacia los grupos en situación de vulnerabilidad. Habéis sido la principal organización promotora, junto con otras como Comisiones Obreras, que siempre hemos estado ahí. ¿Puedes explicar por qué es tan importante?

Esta es una iniciativa que impulsó la Federación, pero de la mano de Comisiones Obreras y de otras organizaciones que luchan por los derechos de otros grupos en situación de vulnerabilidad, porque entendemos que el odio tiene una base estructural que nos atraviesa a todas. No solo a personas LGTBI+, sino a personas con discapacidad, a personas migrantes, personas gitanas… Parece que somos grupos aislados, pero es que hay personas LGTBI+ que tienen discapacidad, que son migrantes o que son personas gitanas, y al final, sufrimos el impacto del odio de la misma manera. Hay un auge, un aumento de plataformas que dan altavoz a estos discursos, es necesario regular esto. Estamos viendo algoritmos que favorecen estos mensajes en plataformas o incluso altavoces institucionales. Este tipo de discursos, si vienen de alguien que se supone que debería representar a todas las personas, pero que obviamente con este tipo de discursos no lo hace, pues eso legitima que un ciudadano, una ciudadana, luego replique ese mensaje en las calles, o incluso que ese mensaje se transforme en violencia.

¿Cómo afecta esto a las personas del colectivo? ¿Qué os llega a las asociaciones?

Pues el odio está afectando a la salud mental y a nivel emocional. Cuando yo era adolescente, si tu contexto no
era muy amable, por ejemplo, en el colegio no podías ser visible o no tenías alguien con quien compartir, llegabas a casa y a través de Internet, o las redes sociales, que estaban empezando en ese momento, podías conectar. Yo encontré Lambda, la asociación de mi tierra a la que fui después a través de Internet. Podías ver referentes. Entonces las redes eran un refugio para las personas del colectivo. Cómo han cambiado las tornas… Exacto, te permitían crear redes, encontrar un atisbo de esperanza. Pero ahora hay adolescentes, infancias, que, además de tener ese contexto de bullying en el colegio, llegan a casa, encienden el móvil y eso se sigue replicando por parte de quienes le están haciendo bullying en el colegio o por parte de desconocidos. Eso también es algo en lo que incidimos mucho en el Pacto de Estado, regular el anonimato. Luego hay una vuelta al armario por protección, pura y dura, en entornos como los centros de trabajo. Tiene mucha repercusión, primero a nivel de poder socializar y de poder desempeñar bien tu trabajo, porque es un estrés y es una tensión tener que estar midiendo que es lo que compartes o no. Pero es que además hay consecuencias como no disfrutar de determinados derechos, porque si yo no soy visible, no voy a poder disfrutar de determinado derecho cuando me case, porque igual no lo puedo ni decir. La consecuencia más terrible es la conversión de ese discurso en violencia. Estamos viendo cómo replicar ese discurso acaba legitimando que eso pase a acoso, a discriminación o incluso a agresión.

Mencionabas los centros de trabajo. Todavía sorprenden las cifras de invisibilidad en las empresas, ¿no?¿Por qué es tan difícil salir del armario?

Pues porque los contextos siguen siendo bastante hostiles. Hay dos ámbitos que son más difíciles para visibilizarse, el familiar y el ámbito del trabajo. Porque operan dinámicas de poder en las que igual tú no tienes la capacidad, por ejemplo, de irte de tu casa, porque no puedes independizarte, porque en ese momento no eres autónoma. En el caso del centro de trabajo, lo mismo, quizás no puedes cambiar de trabajo por tu contexto y salir de un centro en el que, bueno, pues, no puedes ser visible por equis motivo. Nos preocupa especialmente porque es un ámbito en el que hemos trabajado mucho, a través del Real Decreto (- de medidas en las empresas -) , los protocolos contra el acoso, ahora los protocolos de acompañamiento y, aún así, estamos viendo cómo el año pasado en nuestra encuesta de Estado del Odio, los centros de trabajo ocupaban el sexto lugar y este año ha
pasado a ser el segundo, después de la calle, entre los contextos en los que más se produce el odio.

¿Y a qué crees que se debe eso? ¿Puede ser también que se denuncie más?

Sí, aquí operan dos factores, uno es que es verdad que hay más confianza en las personas LGTBI+. Aunque seguimos en infradenuncia, y eso hay que dejarlo muy claro, es verdad que la gente denuncia más y visibiliza lo que está ocurriendo. Pero la principal causa es que se está legitimando que se diga ante determinadas cosas ‘es mi opinión’, habría que ver si algo LGTBIfóbico es opinión o no… También hay que pensar que los centros de trabajo son entornos donde se tiene interacción con la ciudadanía. Igual es un contacto también con una persona que estás atendiendo.

¿Qué secuelas puede llegar a tener para una persona el sufrir un entorno LGTBIfóbico en su centro de trabajo y cómo se puede reparar eso?

A nivel de salud mental, bajas laborales, estrés, ansiedad, incluso intentos de suicidio por acoso, por discriminación, por situaciones de odio LGTBIfóbico. Es que es una cosa existencial no poder ser uno o una misma ocho horas al día. Es muy, muy, muy complicado. Es difícil de entender para alguien que no vive en esta situación. Si vemos por una cámara un día normal en un centro de trabajo, las personas que no son del colectivo constantemente hablan de su vida como algo natural. ¿Qué has hecho el fin de semana? Pues, me he ido con mi mujer y mis hijos. Y eso no es que se esté visibilizando, es que está hablando de su vida. El no poder hacerlo y el tener que medir cada palabra genera una presión. A nivel de la empresa también tiene una repercusión. No estás
permitiendo que esa persona sea productiva, creativa, que pueda desempeñar al cien por cien porque está pensando no visibilizarse para no sufrir odio.

Me gustaría detener la mirada de manera un poquito más específica en el caso de las mujeres. Antes has hablado de la intersección de varios ejes de discriminación. No sé qué datos manejáis en particular sobre las mujeres y más en particular todavía sobre las mujeres trans.

Pues claro, aquí cada intersección que te atraviesa es una mochila más para la vulnerabilidad. Si eres una mujer y
además perteneces al colectivo y, además, dentro del colectivo, eres una mujer trans, pues podemos imaginar las barreras que hay en el día a día. Esto es una constante en nuestros estudios, sobre todo las mujeres trans sufren mayores barreras a la hora del trabajo, a nivel socioeconómico, a nivel de odio también. Incluso hemos hecho estudios que ponen la mirada en los hogares que están formados por dos mujeres y cómo viven una situación
socioeconómica peor. Mayor paro, menor intensidad laboral y todo ese tipo de barreras que se añaden porque hay una cuestión de género detrás. Y luego el estudio más reciente, que es el Estado del Odio de este año, 2026, que nos da el tremendo dato de que las mujeres lesbianas son, con muchísima diferencia, las que menos denuncian.

¿Por qué crees que sucede esto?

Pues esto es hipótesis, porque nosotros tenemos el dato cuantitativo… Pero, claro, hay una cuestión de género. Es probable que muchas mujeres lesbianas hayamos sufrido situaciones de acoso, discriminación y violencia primero por ser mujeres, ¿no? Y luego ya cuando te identificas, pues por ser mujeres y además lesbianas. Y cuando analizas qué ha pasado, porque aparte de si se denuncia o no se denuncia también analizamos cuándo se ha denunciado, cómo ha sido la atención… Pues surgen todas esas razones que te dan las víctimas de ‘no se me tuvo en cuenta’, ‘se minimizó lo que me pasó’, ‘se me dijo que no era un hecho LGTBI fóbico’ o ‘pensaba
que no iba a llegar a nada’. Probablemente hay muchas mujeres que han vivido esas experiencias previamente por ser mujeres y que han tenido una mala experiencia denunciando o que han pensado que no serviría para nada y que van a tener la misma experiencia en el caso de la lesbofobia. Las mujeres trans también sufren muchísima violencia, a raíz de la ley LGTBI+ ha sido brutal. Todas hemos vivido situaciones muy violentas y de mucha sexualización también.

Hablábamos de los avances en el ámbito laboral, del protocolo de acompañamiento para las personas trans o del Real Decreto de medidas en los convenios… Hay otra pata que es la sensibilización, ¿crees que estamos avanzando en ese ámbito en los centros de trabajo?

Sí, nosotras desde la federación tenemos dos programas, el programa de EMIDIS y el programa Yes We Trans, que es específicamente para la inserción social laboral de personas trans. Trabajamos con empresas para ayudarles. Nace el Real Decreto, nacen estos protocolos y muchas empresas no sabían por dónde empezar y cómo aplicar los protocolos o favorecer la diversidad en sus empresas. Ha habido respuestas muy, muy positivas, se está avanzando mucho y, además, algo que estamos viendo es que hace unos años cuando una empresa empezaba a implantar la diversidad solía ser porque había alguien LGTBI+ dentro de la empresa que tomaba esa iniciativa, que quería que el espacio fuese más seguro o desarrollar estas políticas. Cada vez más hay gente
que no pertenece al colectivo pero, oye, que quiere apostar por la igualdad en la empresa, porque sea un espacio seguro, y toca nuestra puerta.

Estás hablando mucho de las empresas, pero la parte de las trabajadoras, sindical, ha sido fundamental en esto, ¿no?

Sin eso no había sido posible. Nosotras hemos ido de la mano, os lo agradecemos eternamente porque hacéis una labor ahí donde no podemos llegar y luego, por supuesto, las trabajadoras son las que muchas veces nos llaman, nos coordinamos y se lanzan estas políticas. Hace unos años era una trabajadora o un trabajador que pertenecía al colectivo quien decía, oye, hay que hacer esto, pero ahora no siempre, e incluso generan grupos de trabajadores por la igualdad o por la diversidad. Que gente que no es del colectivo monte este grupo muestra que la empresa está muy sensibilizada y eso favorece que se visibilice gente del colectivo.

Otra noticia que se ha producido también en estas últimas semanas tiene que ver con las terapias de
conversión, que tú además como psicóloga conocerás bien. La Unión Europea insta a las naciones a prohibirlas, pero realmente no responde a la iniciativa popular que lo que pedía era una calificación de eurodelitos. ¿Podrías explicar qué se le hace a una persona que se acerca a este tipo de pseudoterapias?

Lo primero que te viene a la cabeza es el electroshock de hace años. Eso, con la modernización, se ha actualizado también y ahora tiene la complejidad de que son más sibilinas; es un acompañamiento psicológico o vendido como un acompañamiento psicológico para ayudarte a vivir mejor. Se camuflan en eso, ya no es, te voy a dar latigazos hasta que dejes, si es que se puede dejar de ser… sino, te voy a acompañar, algo que parece un acompañamiento psicológico o incluso una terapia, como puede dar cualquier profesional. El peligro es que
se está dando por parte de gente que incluso tiene titulación y, claro, es más difícil de detectar. ¿Qué es lo tremendo? Pues el aprovechamiento por parte de una persona que se supone que es profesional de la vulnerabilidad, porque si alguien recurre a esto es porque realmente está en un contexto tan hostil que
necesita salir de ese sufrimiento y la única vía que ve es intentar ser alguien que no va a poder ser. Muchas veces es la familia también quien lleva a esta persona. La ONU ya lo ha calificado detortura.

¿Qué secuelas puede tener un tratamiento de estas características?

Desde ansiedad o depresión hasta llegar al intento de suicidio. Es una lucha constante con el ser. Y eso es muy, muy, muy complicado. Y, bueno, con una presión social, porque nadie llega a eso en un contexto muy amable, en el que te están dando libertad de ser, en el que no tienes ningún tipo de rechazo u odio social. Igual que una persona cishetero no se plantea esto porque vive en una sociedad en la que es respetada. A nivel de salud mental es tremendo y es que puede llegar y llega, de hecho, a la autolesión y, en muchos casos, al suicidio.

¿Por qué crees que la ultraderecha tiene tanto odio a la diversidad? Recuerdo ese cartel de Vox donde se lanzaban a la papelera, entre otros, también los logos del colectivo, la bandera…

Me cuesta entenderlo, la verdad. Lo viven como una amenaza a una hegemonía. No puedo entender que alguien odie a alguien solamente por ser. Tiene que venir de algo más, que es la pérdida de poder. Este discurso de que venimos a tener privilegios cuando, madre mía, poder vivir sin miedo, si eso es un privilegio… Amenaza su concepción del mundo, ¿no? Creo que a veces genera mucho miedo a abrir las miras. Y, al final, nosotras, rompemos con todo lo establecido, y eso da miedo. Es una pérdida de la hegemonía, del poder, y también, en muchos casos, una instrumentalización, porque se nos instrumentaliza para hacer política que nada tiene que ver con nosotras. Para atacar a otro partido, a determinadas políticas, o incluso para enfrentarnos entre los propios grupos en situación de vulnerabilidad. Esto es muy triste, porque muchas veces nos encontramos con que, de hecho, somos una moneda de cambio político.

Respecta a esta disputa por la hegemonía que mencionabas, creo que también el movimiento, no sólo en España, sino a nivel internacional, ha demostrado una gran capacidad de incidencia política, de movilización, y se me viene a la mente el caso de Orban…

En esos momentos se ve, este discurso de ‘la minoría, la minoría…’. Al final somos una mayoría las que creemos en la igualdad y lo hemos demostrado. Cuando Orban, cuando la amenaza al Orgullo de Hungría o incluso aquí, ¿no? que salimos todas a la calle. Viene el movimiento sindical, vienen otras organizaciones, vienen… en fin, que estamos todas a una y al final, minoría a minoría, resultamos una mayoría y eso es lo que les genera el miedo.

Volviendo a España, ¿qué retrocesos concretos, más allá del discurso, se están produciendo en aquellos lugares donde está gobernando la ultraderecha o en coalición con la derecha?


Se están dando intentos de retrocesos, de recortes, muy camuflados porque muchos son vaciamientos de leyes. No derogan la ley pero, si la vacías de contenido, pues al final queda en nada. Lo hemos visto en Madrid, pero también en Valencia. A través de una ley de acompañamiento se vacía de contenido la ley trans y se deja desprotegidas a las infancias y adolescencias trans. Afortunadamente hubo un recurso de inconstitucionalidad por parte del Gobierno y ahora mismo ese retroceso está paralizado. Luego ha habido otros intentos en otras comunidades que se han podido parar también, pero la realidad es que no hace falta mirar fuera de las fronteras para ver estos retrocesos. Además, hay que analizar en qué comunidades se están dando y gobernadas por quién, la complejidad de nuestro país tiene estas cosas. Te encuentras con retrocesos tremendos en una Comunidad Autónoma mientras que otra tiene un programa de diversidad premiado por la UNESCO.

Ahora además con las celebraciones del Orgullo surgen conflictos también a nivel municipal, ¿no? Como en el caso de Palma.

Sí, ahora en Palma han tenido que cancelar el orgullo. En Valencia también se han desvinculado de la Administración porque hay un intento de capitalizar y de tomar el control de lo que es el Orgullo y dejar a un lado a las entidades. Hay que tener cuidado con ese ‘mientras vacío de contenido de las leyes o genero políticas anti-LGTBI+ intento celebrar el orgullo bajo una máscara’. Al final, las políticas LGTBI+ van más allá. El Orgullo es necesario celebrarlo, no sólo es reivindicación, pero el Orgullo son todos los días del año y no vale ponerse la medallita el 28 de junio.


En la Marcha del Orgullo Estatal, ¿dónde queréis poner el acento en este año?

Creemos que es un momento en el que hay que movilizar a la ciudadanía y volver a recordar la importancia del Orgullo. Hay toda una generación ya que ha nacido con muchos derechos conseguidos, que igual no tiene esa conciencia de lo que ha costado o de los pasos que se pueden dar atrás. Esto se conjuga con redes sociales y otras formas de hacer activismo que también son válidas, pero no hay que perder esa movilización de calle. Ni dejar de lado el Pacto de Estado, la situación de odio, todo eso contra lo que tenemos que seguir luchando. Queremos poner el foco este año en la movilización social, en volver a tomar las calles y el Orgullo que nos pertenece. El Orgullo es de la gente, de la gente LGTBI+ y de la gente que quiere salir y que cree en la igualdad y
en la diversidad.

En ese sentido, se alinea con eso que decías de reivindicar el contenido político de lo LGTBI+ y tratar de eludir ese riesgo de de vaciamiento, ¿no?

Sí, y también poner el foco en que la política es todo. Yo sé que a veces se ve como que las entidades o, en este caso, los sindicatos somos quienes hacemos la política. Pero dos mamás yendo con su peque al cole, en la puerta del colegio, eso también es política ¿no? Ir a tu centro de trabajo con una pulsera del arcoíris también es
política. La política del día a día hace mucho y también enriquece la labor que hacemos los colectivos. Eso es lo que también queremos reivindicar.

En este contexto que mencionábamos, tan complicado, tan de disputa por la hegemonía, tan de riesgo de retroceso que también que mencionabas, ¿tú como ves el futuro? ¿Eres optimista?

Soy optimista porque, si no, no seguiría en el activismo. Creo que el optimismo es lo que nos hace seguir día a día. No sé si a corto plazo, pero a medio plazo yo sí creo que vamos a seguir avanzando, que además ese primer puesto nos ha colocado en una posición de responsabilidad, de seguir manteniendo a España como un país que
sigue avanzando. Está muy bien ser muro de contención, pero ahora ya no vale. Queremos hacer política, ser una ola de diversidad y de igualdad que siga avanzando. Vamos a seguir apostando porque cada una pueda vivir sin miedo y simplemente ser.


Por Diana G. Bujarrabal, adjunta en la secretaría confederal de Mujeres e Igualdad de CCOO.

Fotos: Julián Rebollo / CCOO

Puedes ver la entrevista en vídeo AQUÍ

Secretaría de Mujeres e Igualdad

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